Adolescencia: Construcción de la identidad

Los mecanismos de adaptación que ha adquirido el niño a lo largo de la infancia serán sometidos a prueba al llegar a la adolescencia. Todo aquello que no haya podido superar satisfactoriamente, empezará a convertirse en obstáculos que dificultarán su desarrollo y madurez, generándole problemas al construir su visión de sí mismo y al relacionarse con los demás.

Para consolidad nuestra identidad, necesitamos salir al mundo y saber cómo regresar.

Durante la adolescencia, se produce el proceso de individuación mediante el cual, vamos definiendo nuestra identidad. Este proceso comienza en la infancia, mediante la construcción de nuestros espacios de intimidad, y se consolida en la adolescencia, al superar los conflictos que se producen entre nuestra identidad individual y la de nuestros grupos de pertenencia, especialmente, la familia y el grupo de iguales.

Para construirse a sí mismo, el adolescente dispone, fundamentalmente, de los valores que le ha transmitido su familia. Para ello, necesita salir al exterior, ir más allá de las fronteras familiares, y poner a prueba esos valores, comprobando si le sirven realmente para relacionarse satisfactoriamente con sus iguales y con el mundo que le rodea.

Por tanto, la adolescencia es una segunda oportunidad para resolver los conflictos internos que quedaron pendientes en las etapas anteriores. Dejarla pasar supone, en la mayoría de las ocasiones, que las carencias acumuladas queden fijadas como patrones de la personalidad, más difíciles de cambiar, dificultando así su funcionamiento como adulto.

Los adolescentes se enfrentan a varios dilemas, pues necesitan dejar atrás la dependencia familiar, que aún les mantiene en la infancia. Pero como aún no han alcanzado un grado de madurez suficiente para lograrlo, pueden llegar a creer que necesitan avanzar sólo por sí mismos para conseguir ser independientes. Por ello, necesitan aprender a moverse entre ambos extremos, en función de sus necesidades y preferencias. Este recorrido intermedio se realiza mediante la autonomía, desde la que puedan reconocer sus carencias y limitaciones, para solicitar ayuda cuando la necesiten. Al mismo tiempo, necesitan ser capaces de reconocer sus capacidades reales, poniendo así límites a su omnipotencia, con el fin de dejar de plantearse objetivos irreales, distorsionados o perjudiciales.

Asimismo, al relacionarse con sus iguales, necesitan encontrar el equilibrio entre ser iguales que los demás, sin caer en la banalización, y al mismo tiempo, no renunciar a ser lo que son: descubriendo y valorando aquello que les hace ser diferentes, sin caer en la excepcionalidad.

En esta etapa, el espacio terapéutico permite a los adolescentes y a sus familias expresar sus conflictos emocionales, comprender lo que les sucede, y encontrar la forma de vivir con armonía, sin que nadie tenga que renunciar a ser lo que es.

El adolescente necesita obtener de sus figuras significativas de referencia, principalmente los padres y el grupo de iguales, el reconocimiento a lo que está construyendo de sí mismo, aunque no coincida con lo que ellos esperan de él.

La adolescencia termina cuando el adolescente es capaz de percibir y aceptar la realidad: nadie es omnipotente ni eterno, todos estamos interrelacionados y necesitamos vivir en sociedad, respetando las reglas que permiten la convivencia. Deja así de idealizar la vida y asume que los inconvenientes también forman parte de ella. A partir de ese momento, está preparado para convertirse en el adulto que él decida ser.