Familia: Transmisión de un modelo valioso de vida

Cuando los procesos evolutivos individuales se han desarrollado satisfactoriamente, y se ha conseguido construir una pareja, la llegada de los hijos da inicio a la transmisión de los valores familiares, tanto los que cada uno ha recibido de su familia de origen como los construidos conjuntamente, por ambos miembros de la pareja.

Los valores familiares perduran a través de las generaciones.

Los hijos reciben de sus padres un modelo valioso de vida, formado por valores en los que ambos coinciden. Pero también reciben algunos valores que no son compartidos por ambos progenitores, e incluso, que pueden entran en colisión entre sí. Esto les enriquece, siempre y cuando ninguno de los padres descalifique los valores del otro, pues en este caso, lo transmitido se puede convertir en un conflicto de lealtades para los hijos, que dificultará su proceso de individuación.

La memoria familiar está formada no sólo por lo que se transmite, sino por lo que permanece en secreto. Cuando se intenta que algo permanezca oculto, también se está transmitiendo algo relacionado con ello: una ceguera o una actitud confusa o incongruente ante determinados aspectos de la vida, relacionados con aquello que se intenta mantener en secreto. Esto suele generar confusión en los hijos respecto a los valores familiares recibidos.

Crisis de identidad

Cuando la familia no consigue transmitir a los hijos lo valioso de la pertenencia familiar, estos carecerán de referencias para construir su identidad. Entonces, saldrán al mundo sin dirección ni límites, y construirán su identidad asumiendo riesgos innecesarios o estableciendo relaciones disfuncionales con sus iguales para obtener, a cualquier precio, el reconocimiento que necesitan para existir como individuos.

La llegada de los hijos a la adolescencia siempre da origen a una crisis familiar, ya que todos sus miembros tienen que adaptarse a la nueva posición adquirida por el adolescente. Sin embargo, muchos padres lo viven como una amenaza para su autoridad o para la integridad de la familia. Como consecuencia de ello, interfieren el proceso, tratando de impedir lo inevitable: la individuación de su hijo adolescente.

En otras ocasiones, son otras circunstancias vitales las que pueden generar crisis en la familia, que obliguen a todos sus miembros a adaptarse a los cambios requeridos por el contexto. La mayor o menor capacidad de la familia para adaptarse a la nueva situación influirá en la estabilidad de todos sus miembros y consecuentemente, en la armonía familiar.

Las familias son indestructibles. Un divorcio entre los padres tan sólo pone fin a la pareja, pero no a la familia de origen de los hijos comunes. Juntos o separados, los padres, junto con los hijos, siguen siendo la familia de estos últimos. De ahí la importancia que tiene para ellos la coordinación y la buena comunicación entre los padres separados.

Las familias perduran a través de las generaciones. Los valores familiares pasan de padres a hijos y con ellos, se transmiten las referencias míticas respecto a los miembros más significativos de las generaciones precedentes. En torno a estos mitos y valores continuarán estructurándose las generaciones siguientes. Con su experiencia vital, seguirán creando nuevas referencias míticas que puedan transmitir a sus descendientes, dando así continuidad a la historia familiar.