Infancia: Las bases de la felicidad

La infancia es el periodo inicial de la vida. Aunque desde antes de nacer, ya estamos en contacto con el entorno y por tanto, estamos siendo influenciados por él.

Durante los primeros años de vida, los niños reciben de los adultos significativos, fundamentalmente los padres, las referencias que les permiten relacionarse satisfactoriamente con el mundo que les rodea. Al interactuar con las personas próximas, el niño va adquiriendo capacidades que le permiten estructurarse adecuadamente ante los obstáculos que va encontrando durante su crecimiento..

Los niños son lo que los adultos están haciendo de ellos.

Durante los primeros días, prevalece la comunicación sensorial, especialmente a través del tacto, y surgen las primeras experiencias de satisfacción y frustración, según sus necesidades básicas sean cubiertas o no. La actitud de los adultos frente a sus reacciones emocionales, determinarán su capacidad para contactar con los demás dando y recibiendo, y para reconocer y contener la tensión interna.

Cuando comienza a caminar, necesita que los adultos le proporcionen el apoyo que necesita para avanzar desde la dependencia hacia la autonomía, y para que aprenda a adquirir la seguridad que le permita explorar el mundo por sí mismo, Al mismo tiempo, aprenderá que la independencia no es un lugar definitivo en el que quedarse, ya que en algún momento necesitará algo de los demás y tendrá que aprender a volver a contactar con ellos.

Mediante estas vivencias, el niño experimenta que puede ser sin que los demás estén siempre pendientes de él o a su disposición. Aprende a estar excluido en algunas ocasiones, sin sentirse abandonado o rechazado. Aprende a pedir y a asumir que en algunas ocasiones, le van a decir que no.

A partir de los dos años, también él aprende a decir que no y así comienza a diferenciarse de los demás, definiendo lo que quiere y lo que no quiere. En esta etapa, también forma parte de su proceso de aprendizaje saber relacionarse adecuadamente con la frustración, sin convertirla en agresión hacia los demás.

Poco a poco, el niño deja de percibir el mundo y a los demás sin matices: antes, algo era todo bueno o todo malo. Ahora, a partir de su segundo año de vida, comienza a desarrollar la capacidad de percibir e integrar que los aspectos positivos y negativos suelen convivir simultáneamente, en una misma persona o situación.

A partir de los cuatro años, empieza a desarrollar la capacidad para tener conciencia grupal, es decir, su pertenencia al grupo y la capacidad de actuar teniendo en cuenta el beneficio del conjunto, y no para beneficiarse a sí mismo o a alguno de los miembros, en detrimento de los demás.

En el desarrollo durante la infancia, juega un papel fundamental la actitud de los padres. Si le proporcionan un apoyo sólido y le proporcionan pautas coherentes y consistentes, los procesos evolutivos que tienen lugar durante la infancia, le permitirán al niño ir construyendo mecanismos de adaptación, que serán sus herramientas para continuar avanzando a lo largo de su vida. La sobreprotección le impediría aprender que, a veces, se cometen errores, y lo importante no es quejarse o quedarse inmovilizado por la frustración, sino saber aceptarlos e intentar corregirlos.

Las etapas evolutivas que el niño no consiga completar durante la infancia, reaparecerán de nuevo durante  la adolescencia. Si cuenta con apoyo suficiente, esta siguiente etapa se puede convertir por tanto, en una segunda oportunidad para poder superarlas.