Malestar Psicológico

Tal vez te has interesado por la psicoterapia cuando has comprobado que, tras numerosos intentos para manejar y resolver las situaciones conflictivas, no consigues tu objetivo y te sigues sintiendo mal, sin saber por qué, como si estuvieras atrapado en una sensación de malestar psicológico de la que no sabes cómo salir.

Los síntomas, que solemos identificar como ansiedad, depresión, estrés, fobias, adicciones, insomnio, problemas sexuales, trastornos alimentarios, etc., suelen ser la parte más visible de un malestar interior, mucho más profundo, a veces existencial, relacionado con lo que está sucediendo en tu vida en el momento presente.

En la mayoría de las ocasiones, los síntomas surgen al estar viviendo una contrariedad relacional insostenible.

A veces, denominamos "síntoma" a la mejor respuesta que hemos sabido dar a unas circunstancias difíciles.

El malestar psicológico suele estar condicionado por nuestra forma de percibir y afrontar los problemas cotidianos y las experiencias vitales. No procede exclusivamente de las circunstancias externas, sino de nuestra forma de relacionarnos con ellas.

Un mismo hecho no afecta a todas las personas de la misma forma. En el origen del sufrimiento, cobran especial relevancia los factores individuales histórico-familiares. Cada uno solemos tener una forma habitual y específica de interpretar lo que nos sucede. Los hábitos adquiridos a lo largo de nuestra historia personal y familiar influyen notablemente en nuestra forma de evaluar los acontecimientos vitales, así como en nuestra habilidad para detectar, seleccionar y utilizar los recursos perceptivos, cognitivos, emocionales y conductuales necesarios para afrontarlos adecuadamente.

Con el tiempo, nuestra percepción se va haciendo más selectiva y parcial: seleccionamos lo que concuerda con nuestra forma habitual de ver el mundo e ignoramos el resto. Esta visión parcial se superpone sobre la realidad, distorsionando el contexto con el que nos relacionamos. A partir de ahí, en lugar de responder a lo que realmente está sucediendo en el presente, reaccionamos a lo que imaginamos que está sucediendo, a lo que creemos que sucederá en el futuro, o a lo que sucedió en el pasado.

Desarrollamos así determinados patrones cognitivos, emocionales y conductuales, es decir, respuestas invariables con las que reaccionamos automáticamente ante las situaciones estresantes. A medida que estos patrones se van incorporando a nuestra estructura de personalidad, construimos una versión rígida y distorsionada de nosotros mismos, creyendo ser lo que no somos y perdiendo el contacto con lo que realmente somos.

A medida que la percepción del entorno y de nosotros mismos se va distorsionando, nuestras reacciones se van haciendo más automáticas e impulsivas. En este escenario, las emociones las vivimos como un enemigo a eliminar, y no como un indicador fiable del modo en que estamos interactuando con el contexto en el que se producen.

Cuando el malestar psicológico parece apoderarse de ti, resulta difícil pensar y dar una respuesta adecuada a las circunstancias. Con el tiempo, hasta te puede resultar difícil gestionar la vida cotidiana: familia, pareja, trabajo, relaciones... Cuando esto sucede, es comprensible que tu objetivo sea sentirte mejor, y que pienses que son los síntomas o las circunstancias externas los que te lo están impidiendo. Pero sentirte mejor no suele ser suficiente para evitar que vuelvan a aparecer los mismos problemas de nuevo.

La psicoterapia proporciona un espacio de seguridad y confianza, que permite afrontar con más profundidad y amplitud los problemas. La salida de la espiral del sufrimiento requiere indagar, cuestionar y comprender cómo y para qué sigues repitiendo una y otra vez la misma forma de relacionarte con las situaciones conflictivas, y en qué forma eso puede estar contribuyendo a que se mantenga el malestar psicológico.